Alianza de Mesas Redondas Panamericanas
El fuego ardió durante varios días después de aquel fatídico 8 de febrero de 1910 en el barrio de la confección en Nueva York. Ninguna de las 146 trabajadoras de la fábrica textil Cotton pudo salvarse, porque la única puerta de la fábrica estaba herméticamente cerrada.
Cualquiera fuera la causa del voraz incendio, el caso es que la fábrica ardió ante los ojos sorprendidos de los patrones, que se habían negado a cumplir con las reivindicaciones de las trabajadoras planteadas un año antes, para mejorar sus condiciones laborales.
Las obreras de la fábrica Cotton habían salido a las calles junto a otras miles de mujeres, pedían aumento de sueldo y mejores condiciones de trabajo. Y cómo única respuesta, recibieron junto a otras manifestantes una brutal paliza por parte de la policía y más tarde el extraño incendio que acabó con todas ellas. Por eso, un mes después, el 8 de marzo miles de trabajadoras se pusieron luto y marcharon por las calles de Nueva York, en homenaje a las obreras de la confección que murieron carbonizadas, víctimas, por lo menos, de negligencia patronal.
Exigieron además el derecho al voto femenino y la reducción de la jornada de trabajo. Más tarde, la fábrica Cotton se convirtió en cenizas, pero el recuerdo quedó intacto, como lo demostró la feminista alemana Clara Zetkin cuando en la II Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas, que se llevó a cabo en Copenhague, pidió convertir al 8 de marzo en “Día Internacional de la Mujer”, para honrar la memoria de las valientes manifestantes norteamericanas.
Al año siguiente, en 1911, tal pedido fue aprobado oficialmente; y aunque todavía no hay coincidencia entre los investigadores acerca de los sucesos colaterales precisos que motivaron el pedido de Clara Zetkin hace 114 años las mujeres del mundo celebramos el “Día Internacional de la Mujer”.
Sin embargo, es necesario que una vez conseguido el espacio que ese día ha ido ganando en la sociedad, pasemos a llenarlo de contenido reivindicativo y de lucha, procurando no caer en la utilización simbólica, lacrimógena y chauvinista que es muy común en los niveles gubernamentales.
El 8 de marzo se conmemora el heroísmo y combatividad de mujeres que fueron asesinadas por exigir sus derechos más elementales. A partir de ello tenemos la obligación de transmitir acción y organización cada Día Internacional de la mujer y, por ende, convertir todos los días en un permanente 8 de marzo.
Las discriminaciones e injusticias que las mujeres sufrimos cotidianamente no dejan de ser una frivolidad si la sacamos a relucir una vez al año y con eso pensar que ya hemos cumplido. Las agresiones, la violencia, la falta de igualdad de oportunidades no son tema de un día, son aspectos por los que se deben luchar, movilizar y convencer cada día de los trescientos sesenta y cinco días del año.
Evitar transformar este día en una celebración como forma de tranquilizar nuestras conciencias. Y convertirla cada vez en una jornada reivindicativa con más fuerza, sin ningún complejo, como día de conmemoración y lucha. Hay tanto trabajo y quehacer que no tenemos tiempo que perder.
Cada una, allá donde pueda, manos a la obra, con la misma fuerza que cada 8 de marzo.
Con el deseo sincero de ser siempre
“Una para todas y todas para una” “One for all and all for one”
“Educación y valores, símbolos imprescindibles en la organización”
Marta Agüero Abal de Argañaras Directora General de AMRP